Información InstitucionalSalud

Respuestas ante la discriminación

Por; Silvia de Dios

Recientemente el gobierno provincial otorgó un aumento salarial al personal comprendido en esta Ley, luego de un largo proceso de lucha gremial. El incremento salarial implica un porcentaje igual para todo el personal y un adicional diferenciado según el grupo ocupacional de que se trate, siendo altamente favorecido en esta oportunidad el grupo ocupacional 1 (uno) que integran médicos, psicólogos, odontólogos entre otros.

Esta situación, que generó una discriminación salarial a favor de un grupo ocupacional en desmedro de los otros, también implicó, a nuestro entender, una discriminación hacia la Carrera y la Profesión de Trabajo Social.

Las actividades del personal que integra los equipos de salud que se desempeñan en las instituciones sanitarias dependientes del estado provincial están regidas y reglamentadas por la Ley 7625. La misma establece un escalafón en el que se ubican las profesiones según 5 (cinco) grupos ocupacionales, quedando ubicada la profesión de Trabajo Social (que la Ley denomina Asistencia Social) en el grupo 2 (dos). La ubicación en este escalafón determina que el salario es diferenciado según dichos grupos, siendo el grupo 1 (uno) el que percibe un salario más alto.

Recientemente el gobierno provincial otorgó un aumento salarial al personal comprendido en esta Ley, luego de un largo proceso de lucha gremial. El incremento salarial implica un porcentaje igual para todo el personal y un adicional diferenciado según el grupo ocupacional de que se trate, siendo altamente favorecido en esta oportunidad el grupo ocupacional 1 (uno) que integran médicos, psicólogos, odontólogos entre otros.

Esta situación, que generó una discriminación salarial a favor de un grupo ocupacional en desmedro de los otros, también implicó, a nuestro entender, una discriminación hacia la Carrera y la Profesión de Trabajo Social.
Por esto es que consideramos oportuno e imprescindible poner en debate y hacer públicas algunas reflexiones en torno al estatuto profesional del Trabajo Social, al lugar que ocupa en el equipo de salud y en las instituciones sanitarias, así como las funciones que está en condiciones y le compete desarrollar.

Comenzaremos interrogando: ¿qué elementos delimitan la existencia de una profesión en las sociedades contemporáneas? ¿Qué condiciones o requisitos debe reunir una profesión para ser considerada como tal?

Las profesiones que hoy reconocemos como tales son un producto de los procesos de modernización de las sociedades, ocurridos particularmente a lo largo del siglo XX. Al respecto señala Gonzalez Leandri que “El proceso de profesionalización, y su correlato el ‘ideal profesional’ con su énfasis en la ‘carrera’, la educación especializada y la meritocracia, se ha consolidado (…) como uno de los principios estructuradores básicos de la sociedad del siglo XX”. Según este autor la profesionalización fue lentamente consolidándose como proceso estructurante de la nueva sociedad del siglo XX, es decir, como uno de sus más importantes principios de organización social. “Así fue como (…) el ideal profesional comenzó a poner el énfasis en la figura del experto, que adquiere tal condición mediante el entrenamiento prolongado y la selección por méritos, llevada a cabo, no por el mercado, sino por el juicio de los pares”.

Se desprenden de estas argumentaciones algunas de las características o condiciones que delimitan la posibilidad de existencia y de reconocimiento de una profesión como tal en las sociedades contemporáneas:

  • -Existencia de instituciones formadoras que capaciten a los agentes y que a la vez certifiquen dicha formación. Estas instituciones deben tener un doble reconocimiento: por un lado de la corporación o cuerpo profesional, y por otro, por parte del estado.
  • -Reconocimiento público de la función social de esta profesión, a partir del cual es posible que la misma reciba una remuneración por su práctica.
  • -Creación de una organización colectiva (Colegios profesionales) que otorgue matrícula y que habilite y controle el ejercicio profesional.
  • -Existencia de un Código de Ética profesional, es decir de un conjunto de reglas básicas que garantice que el ejercicio se ajuste a determinados patrones.
  • -Posibilidad de ofrecer una respuesta cualificada y diferenciada a determinadas demandas sociales.

Las profesiones que integran el equipo de salud humana y que según la Ley 7625 componen los grupos ocupacionales 1 y 2, reúnen estas características, ya que son profesiones universitarias o de nivel terciario no universitario (en el caso de algunas profesiones del grupo 2). Para referirse a quienes integran el grupo ocupacional 3 la Ley habla de “técnicos universitarios”, en el grupo ocupacional 4 ubica al “personal auxiliar con capacitación certificada por organismos oficiales o privados reconocidos” y en el grupo 5, al “personal idóneo y auxiliar sin título reconocido oficialmente”.

La histórica relación entre la profesión de Trabajo Social y el campo de la salud

A partir de diversas investigaciones se ha logrado establecer que el Trabajo Social se institucionaliza como profesión en el momento histórico en que el Estado comienza a ampliar sus funciones, cuando comienza a atender la cuestión social, con el progresivo crecimiento de las políticas sociales. Por lo cual nuestra profesión comienza a desarrollarse como tal ocupando prioritariamente espacios ocupacionales vinculados a la ejecución de dichas política sociales estatales.

En la revisión de autores que han estudiado la historia del Trabajo Social se reconoce, en los orígenes, una fuerte impronta dada por la corriente de los médicos higienistas, que fueron los impulsores de la creación de las primeras Escuelas de Servicio Social en nuestro país. En los comienzos, y en relación con los conocimientos y demandas sociales de la época, se formaron “visitadoras de higiene” o “visitadoras sociales”, y más adelante emergió la figura de las “asistentes sociales”.

Puede reconocerse que la primera instancia de formación de estos profesionales en Argentina, fue al Curso de Visitadoras de Higiene Social, dependiente del Instituto de Higiene de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a dictarse en 1924. Más adelante, en 1930 se creó la primera Escuela de Servicio Social del país dependiente del Museo Social Argentino. Fueron médicos en su mayoría los impulsores de la creación de estas primeras instituciones formadoras: Alberto Zwanck, Gregorio Aráoz Alfaro, Manuel, Carbonell, Germinal Rodríguez entre otros.

En el caso de Córdoba, una de las primeras instituciones oficiales de formación de estos profesionales, fue la Escuela Nacional de Puericultura, que comenzó a funcionar en Abril de 1943, dependiente de la Dirección Nacional de Salud Pública, División Maternidad e Infancia. La misma funcionó en el Instituto de Maternidad de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba, otorgaba el título de Enfermeras Visitadoras de Higiene Infantil y su objetivo principal era la divulgación de los conocimientos de Puericultura en general. Las egresadas, en su ejercicio profesional eran denominadas simplemente “visitadoras” o “visitadoras de higiene”. Esta escuela funcionó con ese perfil hasta 1959, cuando dejó de preparar Enfermeras Visitadoras de Higiene Infantil y sólo continúa formando auxiliares de enfermería. Más adelante, en 1945, comenzó a funcionar la Escuela de Servicio Social de Córdoba, una institución privada que formó profesionales que egresaban con el título de “Asistentes Sociales”, y que cerró sus puertas en el año 1950. De ella egresaron una gran cantidad de profesionales que ejercieron en el medio local y en otros lugares del país.

Los primeros ámbitos laborales para las denominadas “visitadoras sociales” o “visitadoras de higiene” y más tarde las “asistentes sociales”, en las instituciones sanitarias de Córdoba dependientes del estado provincial, datan de comienzos de la década de 1930; y se ubicaron en Dispensarios Antituberculosos y en las denominadas Gotas de Leche, Cantinas Maternales o Dispensarios de Lactantes. Fueron contratadas para desempeñarse en esas instituciones dependientes del Consejo de Higiene, que se orientaban al enfrentamiento de aquellas cuestiones sanitarias consideradas prioritarias en la época: por un lado las llamadas “enfermedades sociales” (alcoholismo, enfermedades venéreas, etc.), y por otro, la salud del binomino madre – niño.

Fue así como, en la medida en que se producía una expansión de la intervención del estado provincial en la prestación de servicios de salud, se fueron incorporando, junto con las visitadoras y asistentes sociales, distintos tipos de técnicos y profesionales a sus instituciones sanitarias.
Encontramos que, particularmente en el período 1936-1943, se distingue como predominante la función educativa para las visitadoras, quienes debían “ilustrar” a los enfermos y sus familias respecto a la forma de contagio de las enfermedades, vigilando el cumplimiento de los tratamientos indicados por los médicos. A las madres de familia, les acercaban nociones de higiene, pautas de crianza de los hijos, hábitos saludables. Las visitadoras se constituían así en transmisoras de valores, modos de vida, de una especie de “moral higiénica”, a modo de pautas normativas apropiadas para la preservación de la salud de la población. “Los ideólogos del higienismo necesitaban de quienes pongan en acto lo que ellos elaboraban como consignas. Y eso requería el aprendizaje de las normas de higiene, los principios de la puericultura y, básicamente una moral familiar determinada que diera a la mujer el rol principal en tanto difusora y ejecutora de tales principios dentro del hogar. Y requería también del manejo de técnicas adecuadas para garantizar que el mensaje sea cabalmente comprendido (…) que permitieran acceder al conocimiento del público a quien estaba dirigido el mensaje”.

Esta acción educativa, se indicaba, debía ser realizada fuera de las instituciones, “fuera de los muros del hospital”, en los hogares de los enfermos y sus familias, en su propio hábitat, ingresando a su cotidianeidad, a sus modos de vida, intentando modificar los aspectos considerados perniciosos, perjudiciales. La educación aparece vinculada fuertemente a la acción preventiva, a tratar de evitar la aparición de enfermedades, particularmente las denominadas “enfermedades sociales”, a través de la inculcación de hábitos saludables, combatiendo los “riesgos sociales”, los vicios, las conductas perniciosas.

Esta fuerte presencia de la función educativa se vinculaba a las concepciones higienistas de la época. “En la década del treinta, estimulada por el desarrollo capitalista que requiere mano de obra en condiciones favorables para la producción, cobra nuevo impulso la concepción preventiva de la salud impulsada desde el Estado. Las campañas de prevención se centraron fundamentalmente en aquellas enfermedades que disminuían el rendimiento físico y en acciones sanitarias que bajaban los costos de reproducción de la mano de obra”.

En vinculación con esta función educativa, ubicada preferentemente fuera de los muros institucionales, como una especie de brazo extendido de los médicos en el afuera institucional, se demandaba también que las visitadoras y asistentes sociales pudieran actuar como un enlace entre médico y la familia de los enfermos, entre la institución sanitaria y el entorno cercano de sus pacientes. De este modo, estos agentes ocuparon un lugar de intermediarios con el entorno, con el contexto socio-familiar en que vivían los sujetos que demandaban o consultaban a las instituciones de salud.

A partir de mediados de 1940, “el paso del higienismo al sanitarismo supuso la reformulación de la función estatal. Esta consistió en el desplazamiento del interés público del saneamiento urbano y la prevención del contagio a la atención médica”. En la medida en que el estado ampliaba la cobertura de la atención médica, es decir avanzaba en la prestación de servicios asistenciales (provisión de medicamentos, estudios diagnósticos, etc.), también se extendían las funciones asistenciales del Servicio Social.

A fines de la década de 1940, y en el contexto de los primeros gobiernos peronistas, se produjeron importantes transformaciones en el sistema sanitario nacional provincial, promovidas por el primer ministro de salud del país, el Dr. Ramón Carrillo. En Córdoba, esos cambios implicaron también el surgimiento del Ministerio de Salud y Asistencia Social en el año 1949, que progresivamente tomó a su cargo la administración de todas las instituciones sanitarias que estaban bajo el control de asociaciones benéficas.

En este marco político-institucional, se produjo un crecimiento de la cantidad de asistentes sociales y visitadoras de higiene contratadas por el Ministerio de Salud; una diversificación de los espacios de trabajo; y a la vez se registró el surgimiento de áreas específicas para el Servicio Social dentro del organigrama institucional del mismo.

En este momento, un dato destacable lo constituyó el desarrollo del Servicio Social hospitalario, es decir que estas profesionales comenzaron a desempeñarse dentro de los hospitales que ahora eran administrados en su totalidad por el estado provincial, y que adquirieron nuevas orientaciones técnico-sanitarias.

Es así como, para el año 1951, del área denominada “Servicio Social”, dependiente de la Dirección de Asistencia Social, un espacio creado el año anterior , trabajaban alrededor de 40 profesionales (entre Asistentes Sociales y Visitadoras de Higiene), a las que se les exigía contar con “título habilitante” para desempeñarse en esos lugares.

De manera que, para mediados de la década de 1950, se habían consolidado en las instituciones sanitarias dependientes del estado provincial, una serie de espacios ocupacionales para las asistentes sociales, se había constituido para el Servicio Social un mercado de trabajo en el marco de las políticas sanitarias. El desarrollo, crecimiento cuantitativo y diversificación de instituciones sanitarias impulsada por el estado provincial, junto con la existencia de una buena cantidad de egresadas de las instituciones de formación existentes en la provincia en esa época, amplió el mercado de trabajo para las asistentes sociales.

Este breve repaso histórico revela que el Trabajo Social registra una presencia, una inserción laboral en el ámbito de las instituciones de salud dependientes del estado provincial de más de 70 años. A lo largo de estos años se ha consolidado un espacio profesional para los trabajadores sociales, se han desarrollado modalidades de intervención específicas, se ha acrecentado el conocimiento en torno a las problemáticas y a los sujetos de la intervención profesional en esta área.

Las profesiones en el campo de la salud

Llegados a este punto, cabe analizar las características y particularidades que fue asumiendo el campo de la salud, en tanto espacio en el que se desarrollan prácticas y se ponen en juego conocimientos en torno al proceso salud-enfermedad-atención.

Es un hecho ampliamente reconocido que el campo de la salud ha sido históricamente hegemonizado por la profesión médica. La medicina, desde la posición dominante alcanzada en ese campo, ha sido considerada como la “voz autorizada” en materia de salud, para definir políticas, líneas de acción, etc. En consonancia con esta hegemonía médica, el resto de las profesiones que se desempeñan en ese campo, han funcionado históricamente como “auxiliares de la medicina” en los procesos de atención de la salud, ocupando así un lugar subordinado.

Esta posición central y dominante alcanzada por la profesión médica en los procesos de atención de la salud, en las instituciones sanitarias, comenzó a consolidarse en nuestro país desde fines del siglo XIX. Durante la gestión del Dr. Carrillo al frente del Ministerio de Salud se reforzó ese lugar de poder otorgado a la medicina, ya que fueron estos profesionales los que ocuparon casi la totalidad de los cargos de conducción dicho organismo.

Según Eduardo Menéndez, desde el siglo XIX se fue delineando en los países centrales, un “modelo médico hegemónico” que presenta un carácter biologista, mecanicista y ahistórico y cuya manifestación más evidente es la asignación de un status más elevado a la práctica médica, por sobre las demás profesiones que operan en el campo de la salud.

El lugar de subordinación del resto de las profesiones en relación con la medicina, tiene además como sustrato una determinada concepción de la salud y la enfermedad. Dicha concepción tiene como ordenador principal, el carácter netamente biológico de las mismas, siendo explicadas como resultado de una causalidad externa al individuo. Desde esta perspectiva, lo social es externo a lo biológico, es secundario en relación al caso clínico, que se constituye en el centro de los procesos de atención de la salud. Esto genera un “exclusivismo creciente de las explicaciones biologistas sobre la causalidad de la enfermedad y sobre las formas terapéuticas utilizadas; esta exclusividad supondrá en los hechos la negación de los factores sociohistóricos”.

Es decir, el conocimiento biomédico desarrollado según estos parámetros, se apoya en el desconocimiento, en la negación de las determinaciones sociales, de las condiciones sociohistóricas, para la explicación de la salud y la enfermedad. O en todo caso, lo que se considera y se tiene en cuenta como lo “social” de la salud y la enfermedad, remite solamente a la familia, al lugar de trabajo, es decir al entorno cercano de los individuos.

La profesión de Trabajo Social en la actualidad

Desde aquellos originarios espacios de trabajo en las instituciones de salud de la provincia de Córdoba en las décadas de 1930 y 1940, han transcurrido más de 70 años; y en este período la profesión de Trabajo Social se ha desarrollado, ha crecido, se ha consolidado tanto en el ámbito académico como en el del ejercicio profesional.

Si tomamos como referencia los elementos que delimitan y determinan la existencia de una profesión a los que hacíamos referencia al comienzo, veremos con mayor nitidez este proceso de crecimiento y consolidación profesional del Trabajo Social:

  • -Existen en Córdoba instituciones universitarias de larga y sólida trayectoria que forman a los agentes profesionales y que certifican dicha formación. La formación profesional ha avanzado en el post-grado, existiendo Maestrías y Doctorados en los que continúan su formación los trabajadores sociales. Todas estas instituciones cuentan con acreditación y evaluación de los organismos previstos por el Ministerio de Educación de la Nación a tal efecto.
  • -El reconocimiento público de la función social de la profesión registra, como vimos antes, una antigüedad de más de 70 años, ya que estos agentes profesionales han sido contratados como empleados asalariados por el estado provincial, desde la década de 1930.
  • -El Colegio de Profesionales en Servicio Social tiene existencia legal desde el año 1985.
  • -El colectivo profesional cuenta con un Código de Ética desde la creación del colegio Profesional, el cual fue reformado hace unos años atrás, adecuándose a las nuevas realidades y a las normativas internacionales, particularmente poniendo énfasis en el respeto a los derechos humanos.
  • -Finalmente el Trabajo Social ha avanzado y crecido especialmente en la respuesta cualificada y diferenciada a las demandas sociales que se constituyen en su objeto de intervención. Y en este punto es pertinente detenerse en algunas consideraciones.

Nuestra profesión ha estado históricamente marcada por su carácter interventivo, por la preeminencia de la práctica, del hacer, por sobre la producción de conocimientos, ha primado la consideración de nuestro rol técnico e instrumental. Pero esto ha tenido un viraje, especialmente en las últimas décadas, produciéndose un avance en el área de la investigación, de la producción de conocimientos. Al respecto señala José Paulo Netto que “nosotros, como trabajadores sociales, somos profesionales privilegiados en este momento. Precisamente porque somos una categoría profesional cuya intervención social, o sea, la dimensión claramente práctica, operativa de nuestra función social, hoy está vinculada a la investigación a la producción de conocimientos, fenómeno que no ocurría hace 50 años. Hace 50 años había una clara distinción entre los científicos sociales (psicólogos, sociólogos, historiadores, politólogos) y la gente, que éramos nosotros, que metíamos la mano en esta masa que huele mal, que es la práctica. En los últimos 50 años eso cambió (…) Hoy somos productores de conocimiento, hoy investigamos (…) Nosotros tenemos contactos con la realidad”.

De manera que la posición y las posibilidades que hoy tiene el Trabajo Social profesional son privilegiadas: tenemos acumulado un importante bagaje práctico, técnico, instrumental, es decir sabemos “cómo hacer”; y además, hemos avanzado en la investigación, es decir “sabemos lo que hacemos” y “sabemos sobre nuestros objetos de intervención”. Esto se evidencia en la proliferación de eventos científicos en los que participan trabajadores sociales con ponencias, presentando trabajos científicos; en el incremento de publicaciones específicas de Trabajo Social (revistas, libros, etc.); en el importante número de investigaciones realizadas por trabajadores sociales desde las instituciones académicas y que cuentan con aval de las agencias de Ciencia y Técnica nacionales y provinciales (Secyt, Mincyt, etc.). Estos son solo algunos indicadores que demuestran el avance de nuestra profesión en la producción de conocimiento.

Por otro lado, y en relación al campo de la salud en particular, las transformaciones sociales y económicas en las sociedades contemporáneas, en los modos de producción, en las condiciones de vida, en los estilos y modos de vida, han incidido también en la aparición de nuevas problemáticas sanitarias, en el crecimiento hasta alcanzar un carácter epidémico de otras, en el retorno de viejas enfermedades, etc. Estas patologías ponen en cuestión las rígidas explicaciones biologistas respecto al proceso salud-enfermedad, y también las tradicionales y reduccionistas respuestas elaboradas desde allí.

Los trabajadores sociales que nos desempeñamos en las instituciones de salud provinciales: CAPS, hospitales generales, hospitales regionales, hospitales de alta complejidad, instituciones de salud mental, etc., enfrentamos y atendemos cotidianamente este tipo de problemáticas: enfermedades crónicas (hipertensión, diabetes), Sida, enfermedades oncológicas, enfermedades prevalentes en la infancia, violencia, adicciones, padecimientos subjetivos, tuberculosis, trastornos alimentarios, por citar solo algunas.

Estas problemáticas sanitarias requieren distintos tipos de intervenciones y abordajes, y en torno a ellas actúa el trabajador social junto con otros profesionales que integran los equipos de salud. Pero el lugar de nuestra profesión ya no es ni debe ser el de “auxiliar” de la medicina, ya no somos su “brazo extendido hacia el afuera institucional”, ya no cumplimos una función subsidiaria de los médicos, ya no actuamos “bajo sus órdenes”; como fue en nuestros orígenes, en otros momentos de nuestra historia profesional.

Somos integrantes de los equipos interdisciplinarios de salud al igual que el resto de las profesiones y actuamos en el campo de la salud con conocimientos, con procedimientos, con técnicas que habilitan, fundamentan y sostienen nuestra intervención profesional.

Exigimos ser tratados y considerados en igualdad de condiciones con las otras profesiones que componen el grupo ocupacional 1 (uno) de la Ley del Equipo de Salud Humana; ser tratados sin discriminación. La realidad sanitaria y nuestro estatuto profesional así lo requieren.

Notas: [1] Gonzales Leandri, Ricardo. Las profesiones: entre la vocación y el interés corporativo. Fundamentos para su análisis histórico. Madrid: Catriel, D.L. 1999. Pp. 9.

[2] Gonzales Leandri, Ricardo. Op. Cit. Pp. 11.

[3] Ver al respecto los trabajos de Alayón, Parra, Rozas Pagaza y Grassi.

[4] Paez, Olga, “La profesión Trabajo Social en Córdoba (1943-1969). Génesis y trabajo con familias”. Tesis doctoral. Pontificia Universidade Católica de Sao Paulo, 2006, Pp. 108-114.

[5] Paez, Olga, Op. Cit., Pp. 116-128.

[6] Tomado de: de Dios, Silvia. “El Trabajo Social en Córdoba: reconstruyendo los orígenes del espacio ocupacional en las políticas públicas de salud”. Tesis de Maestría. Universidad Nacional de Córdoba. 2011.

[7] Tomado de: de Dios, Silvia, Op. Cit.

[8] Grassi, Estela. La mujer y la profesión de Asistente Social. El control de la vida cotidiana, Buenos Aires: Editorial Humanitas, 1989, Pp. 61 y 62.

[9] Iriart, Celia; Nervi, Laura; Olivier Beatriz y Testa, Mario, Tecnoburocracia sanitaria. Ciencia, ideología y profesionalización en la salud pública, Buenos Aires: Lugar Editorial, 1994, Pp. 37.

[10] Iriart, Celia; Nervi, Laura; Olivier Beatriz y Testa, Mario, Op. Cit., 40.

[11] Archivo de Gobierno. 1951. Resoluciones de Salud Pública. Tomo 56. Folio 7. En: de Dios, Silvia. “El Trabajo Social en Córdoba: reconstruyendo los orígenes del espacio ocupacional en las políticas públicas de salud”. Tesis de Maestría. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba. 2011.

[1] Cfr. Gonzalez Leandri, Ricardo. Curar, percudir, gobernar. La construcción histórica de la profesión médica en uenos Aires, 1852-1886. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Centro de Estudios Históricos, 1999.

[12] Menendez, Eduardo,  El modelo médico y la salud de los trabajadores. Citado en: Iriart, Celia; Nervi, Laura; Olivier Beatriz y Testa, Mario, Op. Cit., 16.

[13] Menendez, Eduardo,  Ibid.

[14] Netto, José Paulo. “Crisis capitalista y ciencias sociales”. En: Fernandez Soto, Silvia (coord.) El Trabajo Social y la cuestión social. Crisis, movimientos sociales y ciudadanía. Buenos Aires: Espacio Editorial, 2005. Pp. 42-43.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *