Los profesionales de la salud y la desigualdad

Por Miguel.A. Pavlovsky /

10155037_453437084831085_5743774070217185142_nEn Córdoba los profesionales no son todos iguales. Es común escuchar en discursos sobre la necesidad de la interdisciplinariedad para muchas cuestiones pero la mayoría de los ejemplos son sobre la salud.

De lo dicho a la práctica, en la provincia mediterránea, hay un abismo sideral. Las profesiones relacionadas con la salud y la enfermedad trabajan articuladas para la prevención, diagnóstico y tratamiento. Lamentablemente a la hora de repartir las utilidades se discrimina a unos por sobre otros. Algo así como que unos pocos, de determinada profesión, no llevaran la misma sangre, del mismo color u origen, que los demás. Algo demasiado parecido al orden por castas.

Por casta podemos entender que es un sistema social en el que el estatus personal se adjudica de por vida, por tanto, en las sociedades organizadas por castas los diferentes estratos son cerrados y el individuo debe permanecer en el estrato social en el que se gestó. Por lo general se nos viene a la mente la India, como un ejemplo concreto. Pero no es raro encontrar variantes más cercanas. En la práctica los sistemas de castas rechazan las relaciones estrechas con miembros de otras castas. ¿En la salud existe algo similar?

 

Córdoba, la “docta”

El jueves 28 de mayo pasado las autoridades de la Federación de Entidades Profesionales Universitarias de Córdoba (FEPUC), participaron de la reunión de la comisión que trabaja en un proyecto superador del actual decreto Ley de Salud provincial 6222 que rige en la provincia de Córdoba, acompañados por los representantes de todos los colegios profesionales vinculados al área.

El encuentro se realizó en la Oficina de Graduados de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC con la presencia, entre otros, del titular de la comisión de Salud de la Unicameral, el legislador Norberto Podversich; el asesor de la misma, Jorge Toledo; y el decano de la Facultad de Ciencia Médicas de la UNC, Marcelo Yorio.

En la actividad, se informó la intención de consensuar un texto para su aprobación antes de finalizar este año 2015. Se enfatizó la necesidad de la amplia participación de la totalidad de los sectores involucrados, especialmente de los Colegios y Consejos profesionales vinculados a la salud.

Ahora bien, del discurso oficial a la práctica hay una importante distancia. Esto es evidente si se tiene en cuenta que la FEPUC durante varios meses debió llevar adelante diversas gestiones a fin de poder ser parte de esas comisiones de trabajo para la redacción de la nueva ley.

En la mencionada reunión, el presidente de la FEPUC, Sergio Rang, destacó que “la iniciativa requiere de la participación en los equipos técnicos de todos los profesionales responsables”. Agregó que “la FEPUC nuclea a 27 entidades profesionales que han trabajado en diferentes instancias la temática de la salud en jornadas específicas a través de las cuáles ha problematizado la salud y cuenta con la posibilidad de efectuar sólidos aportes para una legislación que contemple este derecho fundamental desde una perspectiva integradora”, dijo Rang.

“Si se tienen en cuenta los determinantes de la salud humana como: educación sanitaria, sistema cloacal de efluentes, agua corriente, tratamiento ecológico de residuos, viviendas saludables; agua y energía y, manejo responsable de agroquímicos, entre otros; surge la necesidad de participación de una diversidad de profesiones y actores”, expuso el presidente de la FEPUC.

Es que en la sociedad civil se puede vestir elegante saco y corbata pero, a la hora de la participación democrática, lamentablemente todavía hay que abrirse camino a los codazos.

 

“No se conviertan en una casta»

Posiblemente con el paso de los años y el autoconvencimiento algunos se crean por encima de los otros. Eso pasa en muchos ámbitos e instituciones.

Como ejemplo actual, quien dirige un Estado y a la vez una de las instituciones más influyente del mundo, el papa Francisco debió salir al cruce de viejas mañas. El sumo pontífice el pasado mes de febrero debió instar a los cardenales de todo el mundo a no convertirse en “una casta” tras advertir que la Iglesia se juega “su credibilidad” con la reintegración de los marginados y de los olvidados.

Es que pertenecer tiene sus privilegios y a quienes los obtuvieron les es muy difícil entender que hay una palabra que se llama compartir.

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